LA SAONA Y LOS TAINOS

LA SAONA es la más extensa entre las islas adyacentes a la República Dominicana. Se encuentra dentro del Parque Nacional del Este y mide 105 kilómetros cuadrados, con 22 km de largo y unos 5 de ancho. La separa de la isla grande el Canal de Catuano, donde en 1494 Cristóbal Colón encontró refugio frente al primer huracán nunca visto por los europeos. La Saona acababa de recibir su nombre en honor del descubridor Michele da Cuneo, amigo del almirante y natural de la ciudad de Savona. Los indígenas taínos la llamaban Adamanay. Era gobernada por el cacique Cotubanamá, héroe de la resistencia contra los invasores.

El clima es tropical, con lluvias escasas, más frecuentes entre mayo y noviembre. La temperatura promedio es de 26 grados durante todo el año, con una exposición al sol de 13 horas al día. La naturaleza de la Saona es rica y variadas: acantilados, lagunas hipersalinas, praderas submarinas, bosques sobre suelo calcáreo, cactus y delfines, cuevas y manglares. Y un centenar de especies de aves, entre residentes y migrantes: fragatas, pelícanos, palomas, gaviotas, flamencos, pájaros carpinteros, cuervos, búhos y garzas.

La Saona es un sueño en forma de tierra de extraordinaria belleza, que se debe visitar con gratitud y respeto, fascinados incluso desde lejos por su perfil que dibuja una línea blanca y verde de arena y hojas entre el cobalto del mar y el azul del cielo.

LOS TAÍNOS, procedentes del Orinoco y de estirpe aruaca, poblaron las Antillas antes de la llegada de Colón. El impacto con los conquistadores les fue fatal y desaparecieron casi por completo, aunque su herencia genética pervive en los dominicanos de hoy. Su piel era del color de cobre,tenían ojos oscuros y el pelo negro liso. Pintaban su cuerpo pintado con tintes vegetales. Cultivaban la yuca para obtener el pan llamado casabe. Los trajes de estos agricultores, pescadores y marineros experimentados fueron pacíficas y comunitarias, con un sistema religioso de corte animista basado en el zemismo o culto de efigies llamadas cemíes, el culto a los antepasados y el éxtasis ritual de sus jefes o caciques y chamanes, o behiques, a través de la inhalación de polvo alucinógeno de cohoba. Su fiesta principal era el baile del areíto. De su cultura quedan varios unos alimenticios y un repertorio de trigonolitos, taburetes, amuletos, pendientes y collares, círculos de piedra, cerámica, herramientas y pinturas rupestres (visibles en varios museos dominicos). Y también muchos topónimos y palabras pasadas al español o convertidas en universales, como hamaca, tabaco o canoa. Hemos querido dar su nombre a nuestra playa, donde diversos elementos decorativos recuerdan su arte y evocan su presencia legendaria.

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